No pudo haber
sido más emocionante. No pudo haber sido más justo. No pudo haber sido más dramático.
Así, se ha desandado
este campeonato de Fórmula 1.
Cuando en
Australia, parecía que los McLaren se adueñarían de la temporada, cuando los
escapes soplados eran parte del pasado, la gran recuperación Red Bull Racing y
la destreza de Sebastian Vettel, la solidez de Ferrari y la mezcla de talento y
oportunismo de Fernando Alonso, postergaron hasta la fecha 20 la definición del
campeonato y una antes, la copa de constructores. Es muestra suficiente de lo
acontecido en la temporada. Tal vez la deuda pendiente es el temprano
renunciamiento de McLaren en esta pelea, merecido protagonista por capacidad y
trayectoria. Primero con Jenson Button sufriendo horrores el rendimiento de los
Pirelli y después con Lewis Hamilton, quién ya en Corea resignando toda
posibilidad, la verse colmadas la capacidad de deserciones en una temporada.
Después de
Austin –el acierto de incorporar un circuito extraordinario– la suma de tres
puntos más que su rival, tenía un sabor más amargo que dulce en el team
británico. Distintas sensaciones dejaba en el paladar de los de Maranello,
quienes a pedir de Alonso, tenían una oportunidad más… una más, tal cual
indicaba el dedo índice del español.
Carreras son
carreras, y eso lo saben todos los protagonistas. Si bien confían en sus
potencialidades, factores externos pueden operar a favor o en contra. Así es
Interlagos. El José Carlos Pace exige en traza y en clima. Caluroso, húmedo y
con lluvias intermitentes, es una caja de pandora. Fernando confiado en el
ritmo de carrera de la Ferrari Nº 5, el aporte de su recuperado compañero de
equipo –un sabedor del escenario– y el propio talento que le dio la victoria en
Malasia, bajo condición de piso mojado, fue argumento suficiente en procura de
una última oportunidad. Por su lado, el germano, debía administrar una
diferencia importante pero escasa ante la tendencia del piloto español, de ser
un abonado al podio. Trece puntos no eran mejor que los veinte que Sebastian había
acumulado hasta el sorpaso de Lewis. El gesto de Adrian Newey lo decía todo.
El juego psicológico
de Alonso a lo largo del año, llegaba a su máximo potencial con las condiciones
de inestabilidad que se esperaban en el fin de semana carioca. Todo el paddock ponía
como favorito al español, olvidándose del talento conductivo del germano en
esas mismas condiciones.
La inestabilidad
se hizo presente desde el momento en que había que definir la jornada, al
tiempo que los riesgos debían ser administrados. La presión y el strees
llevaron al yerro de Vettel en clasificación. En carrera padeció los
desaciertos de su coequiper desde el inicio mismo. Peligrosas maniobras,
pusieron en riesgo innecesario el desarrollo de la competencia, además de
sumarle un error grosero del RBR al mandarlo a pista con neumáticos de piso
seco, cuando exigía los intermedios. Sin embargo tuvo ayuda de la suerte. Se
salvo de un Lotus descontrolado en el frenaje de la curva 4, pero Bruno Senna
le asestó un golpe en el lateral izquierdo. Ultimo y a remontar con la adrenalina
a full. En la otra vereda caras de satisfacción y la posibilidad de darse
aquello que tanto habían deseado, un conjuro que les daría el campeonato.
A medida que transcurrían
las vueltas el campeonato pasaba de mano en mano. Y para pasar de mano en mano
ha sido invalorable el papel de Felipe Masa. Qué dirán los puristas ahora del
papel de Felipe. Fue más que Alonso en este segunda parte del calendario. Basta con ver lo hecho
en Austin. Mientras Alonso terminaba tercero beneficiado por la discutida
estrategia de violar el precinto de la caja de cambios de la Ferrari Nº 6, el
brasileño trepaba a la cuarta colocación de la clasificación final después de
haber partido en 10º posición.
Justo y
merecido. Mientras Alonso recurría al conjuro, Vettel y RBR trabajaron a
destajo para lograr el tricampeonato. El arranque no fue bueno. El menos veloz
de los F1, depende pura y exclusivamente de la aerodinamia y el buen manejo del
germano. Al discurso de victima de Alonso, hay que agregarle que Vettel, salió
del Hungaroring con 42 puntos de desventaja y deserción mediante en Monza,
logró capturar el primer lugar del campeonato en Corea, es decir cuatro
carreras antes de finalizar la temporada. Nunca el RBR fue el más rápido, pero sí
el más equilibrado. Por su parte, Ferrari no tuvo un año tan desastroso como
quieren hacernos creer. No tan eficaces en la vuelta rápida los días sábados, terminaban
siendo los más consistentes en carrera. Las largadas no eran solo atributos del
español. Felipe aprovecho la potencia en más de una partida, aún en aquellos
trances malos del brasileño, lo que habla a las claras del potencial de Il Cavalino Rampante en las partidas. La
velocidad punta ha sido un pilar fundamental. Los sobrepasos en la recta larga
de Budd Circuit de la India así lo demuestran. Y fundamentalmente la
confiabilidad, sumado al ritmo de carrera, hizo posible los podios y los puntos
importantes.
RBR y Vettel,
arrancaron mal, con rumbo perdido. Abandono por confiabilidad en Valencia y
Monza, comienza a dar vuelta la suerte en Bélgica. Allí, en Spa no pasó a la
Q3, clasificando 11º. Beneficiado por la desastrosa largada de Grosjean, llegó
hasta el 2º lugar gracias al riesgo que asumió en la chicana de la parada de autobús.
Sin velocidad punta, fue un mérito llegar al podio.
Otro punto
culminante en el desandar del campeonato, fue el tercer lugar en Abu Dahbi.
Después de largar desde los pits, logra un tercer puesto gracias a su destreza
y a la caballerosidad de Jenson Button, hacia el final de la carrera, lo que
valdría la cara de “traste” del español.
Lo cierto es,
que mientras Alonso recurría al esoterismo, al juego psicológico, al
menosprecio del rival, a autodefinirse como semidiós, a esperar el fracaso de
los otros –como así los demuestran las declaraciones post Interlagos al
reconocer que esperaba la deserción de Button–, Vettel & Cia trabajaban
duro y confiados en las propias fortalezas.
Al toque que le
valió el último lugar en la primera vuelta, le sobrevino la pérdida del team
radio, la perdida de rendimiento, el yerro del equipo en boxes calzándolo con
slick y una consecuente tercer parada por intermedios, y un fin de semana para
el olvido de su coequiper Webber, que muy lejos estuvo de beneficiarlo en sus
intervenciones, fueron condimentos exagerados para una definición de
campeonato, que tenia bien merecido. Las cinco victorias, cuatro de ellas
consecutivas, demuestran el protagonismo del triple campeón. Nunca especuló,
arriesgó y fue por más, muy a pesar de lo desfavorable de las circunstancias
del inicio.
Algunos pondrán
en duda las cualidades del piloto alemán, a consecuencia de los cantos de
sirena. Es un legítimo y merecido campeón. Tiene el medio más equilibrado, es
verdad, pero recién apareció en Japón, seis carreras antes del final, por lo
tanto, no gozó como en 2011 de un arma letal que no tenía rival. ¿Qué hubiera
hecho Vettel al volante de la F2012 de Alonso? Es un supuesto indescifrable,
pero me animo a decir que lo mismo que Alonso al mando del RB8.
Por lo de
Austin, se hizo justicia… Hay un nuevo tricampeón y se llama Sebastian Vettel.