domingo, 2 de diciembre de 2012

Mas para ganar que para perder



Si mi vida dependiera en determinada circunstancia del prójimo, no quisiera que precisamente ese, sea un piloto de Fórmula 1.
Voraces y egocéntricos, no reparan en ninguna determinación a tomar, ni a dejar de ser caústicos en el discurso, cuando se trata hablar de un colega. Hasta a veces, el cinismo es tan recalcitrante que no hay más remedio que un golpe bajo, como aquellos que se propinaron el colombiano J. P. Montoya y el canadiense Jaques Villeneuve. No imagino cómo debe ser un día en la vida de estos personajes, pero créanme, no los envidio. No todo termina cuando finalizan las pruebas libres, la clasificación o la carrera, más bien todo comienza. A los record de vuelta, a los record de timer en los pit-stop, a los sobrepasos, le siguen las declaraciones hipócritas, cínicas y agraviantes.
Obviamente no todo es blanco o negro. En el espectro, hay extremos y esos extremos hoy están representados por Fernando Alonso y Kimi Räikkönen.
Fernando Alonso, es el tipo de personalidad del que uno no quisiera depender en cuestiones de vida o muerte. A la voracidad y el egocentrismo, hay que agregarle la manipulación que hace de las situaciones para favorecer su imagen. El encantamiento de la opinión pública de la F1, no es ni más ni menos que producto de la manipulación. Es un líder, no voy a desconocer las virtudes que sobre ello tiene, demostrada en pista y fuera de ella, pero detrás de cada acción, cada declaración, hay una segunda intensión.
Cuando llega a Ferrari en 2010, el primer desconcertado es Felipe Massa. Convencido que la causa mayor de la pérdida del campeonato 2008, fue la manipulación espuria de Flavio Briattore –dónde el español fue partícipe necesario al igual que Nelshino Piquet con aquel famoso Crash Gate–, no estaba dispuesto a hacerle las cosas fáciles. Alonso, quién ya venía de ser derrotado en McLaren por el impiadoso Lewis Hamilton, tampoco lo creía. Hay una maniobra que refleja los ánimos y las intensiones inescrupulosas de un sujeto voraz. El sobrepaso en el ingreso a la calle de boxes del GP de Malasia de 2010. Marcó el territorio como un macho Alpha y fue determinante. Los esfuerzos de Felipinho fueron infructuosos. En Nürburgring, acontecería el hecho más fatídico para las aspiraciones del brasileño. El team radio entre Alonso y el Ing. Andrea Stella es claro. “Es ridículo” dijo Alonso respecto a la defensa de posición por parte de Massa. Inmediatamente el “Fernando es más rápido que tu”, sentenció las aspiraciones de Felipe en pro de recuperar autoestima. A esa altura los actos y las declaraciones seducían a los tifosi. Entre las victorias y la estrategia de llegar al podio en las carreras restantes, lo situaban como firme candidato al título. En Corea, el renuncio del motor Renault que equipaba el monoplaza de Vettel, lo ponía más a tiro que nunca de sus aspiraciones, poniendo de manifiesto toda su verborrágica expresión. Llegaban a la última cita, después de pasar por Interlagos dónde fue insultado en la grilla por los aficionados brasileños, quienes tenían muy presente la manipulación de la cita alemana. Llega a Yas Marina con las chances intactas –ventaja de 8 puntos sobre Webber y 15 sobre Vettel–, pero entre el español y su equipo cometen un yerro imperdonable. A diferencia de Ferrari –dónde Alonso cumple muy bien el papel de líder– en Red Bull Racing hay juego abierto. Consideraron a Mark Webber la amenaza e ignoraron al por entonces inmaduro Sebastian Vettel, el de menores chances de alzarse con la corona. Fueron tan ciegos, que no repararon en el tráfico y el ruso Vitaly Petrov se convirtió en la pesadilla. Como todo gran manipulador, quiso exculparse reclamándole al ruso el haber oficiado de tapón, una vez caída la bandera cuadriculada. Al día de hoy sigue ignorando a Sebastian, lo que bien podría llegar a entenderse como una justificación de aquello que no evaluó: El primer título del alemán y el inicio de una amenaza demoledora.
La temporada 2011 sucedió sin penas ni gloria, a tal punto que fue él, quién recogió las migajas de Vettel en el circuito de Silverstone, gracias al yerro de los mecánicos de RBR en el pit-stop. A estas alturas, el largo ayuno de 35 carreras sin podios de Felipe Massa, comenzaba a profundizarse y con ello las dudas de su valía.
A las esperanzas renovadas que le daba el nacimiento de la F2012 en función de las pretensiones de competitividad, la realidad del invierno europeo con las pruebas comunitarias en Montmeló, volvían a darle un cachetazo. El inicio de temporada no fue el mejor. Encima el presente de Felipe Massa estaba sumido en una profunda crisis. Las odiosas comparaciones de la opinión pública tampoco ayudaban a que esa crisis finalizara, en tanto la mente del brasilero yacía agotada. A tal punto se había encendido la alarma, que Martin Whitmarsh se apiadó de él, declarando que el presente era producto del verticalismo que imponían Ferrari y su piloto estrella. Jenson Button, por su parte, ratificaba los dichos del británico en momentos que por el paddock, circulaban las versiones como reemplazo de Massa en 2013, aseverando que no había motivos para moverse de McLaren cuando en la Scuderia privan los caprichos del español.
Las declaraciones del piloto ovetense desbordan franqueza, pero hay que filtrarle el contenido subyacente. Podría escribirse bastante sobre el tenor de sus declaraciones, pero solo voy a referirme a las más significativas del 2012. Tras la victoria de Malasia y la sombra de presión sobre el Sauber Team, declara que si bien Sergio Pérez era más rápido, solo había una huella para transitar y que con ello tenía controlada la situación. Es verdad, pero el Sauber era realmente más rápido y me hubiera gustado ver como se defendía, sin haber mediado la orden a Pérez de cuidar el segundo puesto y el posterior despiste, producto tal vez, de desconcentración.
Hay un dicho popular que dice a tus empleados dos cachetadas y una caricia. Pues Alonso lo aplica bien a su partener brasilero. Cuando vació del piloto paulista toda rebelión sanguínea –basta observar los back stage entre 2006 y 2008, mostrando su fuerte carácter para confirmar lo que digo– se ocupó de moldearlo a sus intereses. “…me da risa la prensa cuando habla de los sucesores de Felipe…”, “…no hay mejor opción que Felipe…”, etc. podría traducirse en “ahora que sabes que soy el número uno, podes sentarte a mi mesa”.
Las personas que se dedican a la alta competencia no conocen la bondad. ¿Cómo podrían practicarla? Por ello, los elogios a Massa no son creíbles. Más bien aprovecha lo que es para su beneficio. ¿Recuerdan el titulo de Hakkinen en 1999? Bien, Eddy Irvine llegaba con posibilidades a Japón y precisamente, por si acaso, Michael Schumacher no quiso ganar esa carrera. ¿Qué hubiera pasado con Schumy si el irlandés ganaba en 1999? ¿Qué pasaría con Alonso si llegara Checo Pérez u otro menos manipulable? Por si acaso, más vale un adoctrinado conocido que uno por adoctrinar.
La manipulación y el egocentrismo llegan a máxima expresión, cuando declara que los resultados de Massa son los acordes al rendimiento de la F2012. Por un lado la defensa de Massa a las críticas, que se tornaban irreverentes y por otro lado dejar subyacente, el hecho que lograr los resultados que se habían logrado, eran virtud exclusiva de su capacidad –lo cual es cierto y reconocible–, pero no exacto. El deporte motor no admite hazañas por fuera del medio mecánico. Depende del potencial tecnológico y del respaldo humano de un equipo.
Uno puede tener mayor simpatía por uno u otro piloto. Creo que Rubinho Barrichelo y Jenson Button, son las personas con mayor adhesión pública en el presente de la Fórmula 1. Alonso ha cosechado muchos más adeptos a partir de lo hecho en este 2012.
Existe un favoritismo con los más desfavorecidos. Cuando juega el Barcelona contra el Getafe, uno se inclina por el más débil. Aquí es donde Alonso inteligentemente manipula con sus declaraciones la opinión pública:
Primero se autoproclama como aquel semidiós, desprovisto de un arma que le permita luchar de igual a igual contra el poderío de Red Bull Racing. Habría que decir que el RB8 dista –y mucho– del RB7, en cuanto a performance y confiabilidad, donde en la temporada  se vieron muchos altibajos, contrarrestados en las últimas siete carreras.
En esa desventaja, exime al equipo y a su coequiper. Lo cual es más que cierto. En pits, salvo la rueda trasera derecha que le trajo complicaciones en Austin, no tuvieron errores. Felipe terminó siendo más rápido que el español en clasificación, como lo demuestran las clasificaciones de Austin e Interlagos, lo que habla de un incremento potencial como equipo.
Las declaraciones de los sábados denotaban resignación “…era lo que esperábamos, estar sextos, séptimo u octavos…” En realidad gozaba de la tranquilidad del potencial de la Ferrari en carrera. Su manipulación ha hecho creer que la F2012 era un zapallo tirado por ratones y que gracias a su talento, era un lujoso carruaje tirado por seis caballos de raza. Ningún cuento de cenicienta, la F2012 tenía la virtud en su salida de partida detenida –así lo demuestra Felipe Massa, inclusive en su peor momento–, en el ritmo de carrera y en la velocidad punta –como la del Budd Circuit de la India– en rectas.
La convicción de lograr el objetivo “…ahora es un mini campeonato de cinco carreras. Quién haga mejor las cosas será el campeón…” O dicho de otra manera, todos me tienen como favorito y Vettel deberá sobreponerse a mi juego psicológico. Primero señaló como su principal rival a Mark Webber; visto que Lewis Hamilton padecía problemas de confiabilidad y desajustes en el equipo, más cierto malestar en el seno de McLaren, este paso a ocupar el lugar del australiano. De verba incontinente, hasta se dio el lujo de aconsejarle al piloto británico sobre el rumbo a tomar en el futuro inmediato. Cuando los vientos comenzaron a rotar del lado germano –Niki Lauda había afirmado que el campeón sería Alonso, aunque semanas después cambiaría radicalmente de opinión– la mira apuntó al talento de Adrian Newey. Ya la victimización era más profunda, aunque dejando bien en claro que no iba a renunciar. Tal vez por cuestiones esotéricas (me cuesta creer que se haya apoyado en ello, pero no encuentro otra explicación), le daba esperanzas a los tifosi, mediando posiblemente algún infortunio en el RB8 en la jornada de Austin, que los dejara con mayores opciones de cara a la última cita. Más aún, confiando que la lluvia de Interlagos, les daría un hándicap ventajoso.
Orgulloso de los recursos discutibles y al límite de la ética. Discutible o no, los equipos van al límite de los vacios reglamentarios. Claro que hay formas de hacerlo. Violar un precinto de la caja de velocidades de la Ferrari Nº 6, es como decir ¡mira lo que hago!!! Hubiera sido más decoroso haberle cambiado la caja. Hubiera sido mejor el silencio, que declarar orgullo.
Pido una más. Los gestos de arrogancia de los pilotos no tienen límites. Al salto atlético con el puño cerrado en alto de Schumy en su esplendor y al dedo índice desafiante de Vettel, se suma el sello español: “…Una más…” Pero la gestualidad del español no termina ahí. A la expresividad verbal en la que se esfuerza por mostrarse afiatado y dueño de una fortaleza sin fisuras, se contrapone el semblante después de cada carrera. Basta ver el podio de Abu Dabhi para observar el fastidio. A la alegría de Kimi quién lograba una victoria impecable en su primer temporada tras el retorno, se sumaba el desconcierto de Alonso por el logro de Vettel, quién partiendo del pit-line, y haber roto el alerón delantero al inicio, llegaba tercero a 4 segundos del piloto nórdico.
En Interlagos puede pasar cualquier cosa. Y paso. Vettel terminó último en la curva 4; escape izquierdo del RB8 dañado, sin team radio, perdida de rendimiento por nuevo mapeo de motor para evitar la rotura, yerro en la elección de los neumáticos, cuarta entrada a boxes por neumáticos intermedios, toque entre Hulkenberg y Hamilton, deserción del británico, pase y siga para el germano, Massa sede el segundo puesto a Alonso, maniobra arriesgada de Kamui en el sobrepaso que ejecuta Vettel y poca resistencia de Schumacher en la lucha por el sexto lugar, distancia indescontable a Button, accidente de Paul Di Resta en la subida a los boxes, coche de seguridad, bandera a cuadros; Jenson ganador de la primera y la última del calendario, Sebastian sexto y tricampeón más joven, podio emotivo de Felipe Massa, resignación de Fernando Alonso… Ya no quedaba más, ni una más.
El sin sabor de los tifosi vale más que el logro de Sebastian Vettel y RBR, quienes logran el campeonato de pilotos y constructores por tercer año consecutivo. Fernando Alonso con su voracidad, con su manipulación, con su juego político, no pudo ganar el campeonato por segunda ocasión en tres años. Alguna vez declaró que no le importaba si al llegar su retiro, no había cosechado ningún otro título. También declaró que ir a Ferrari no estaba entre sus objetivos o que con Ferrari ganaba cualquiera. El tiempo termina confirmando lo opuesto. Esta en Ferrari, satisfecho y orgulloso, construyendo su entorno en base a su liderazgo –hasta a transformado a Massa en su perrito faldero–, pero lejos de conformarse con la tarea hecha sin campeonatos que lo ratifiquen. Como dijo Ayrton Senna “…el segundo es el primero de los perdedores…”, y no es una frase más. Es el fiel reflejo del espíritu que gobierna a los protagonistas principales del circo más fabuloso del mundo, el de la Fórmula 1.
Tal vez ahora sienta la frustración de Felipe en 2008, cuando por un punto no logró aquel campeonato tan merecido –como también lo fue para Lewis–, víctima de hechos inescrupulosos, (como el ímpetu descontrolado de Romain Grosjean en Spa del que fueron víctimas Alonso y Hamilton), en aquella manipulación bochornosa de Briattore, que a la postre fuera determinante a las aspiraciones de unos y otros.
Todo llega. La vida es justa. Más tarde o más temprano somos víctimas de nuestros propios actos de arrogancia y soberbia.

lunes, 26 de noviembre de 2012

De Justicia, merecimientos y otros factores.



No pudo haber sido más emocionante. No pudo haber sido más justo. No pudo haber sido más dramático.
Así, se ha desandado este campeonato de Fórmula 1.
Cuando en Australia, parecía que los McLaren se adueñarían de la temporada, cuando los escapes soplados eran parte del pasado, la gran recuperación Red Bull Racing y la destreza de Sebastian Vettel, la solidez de Ferrari y la mezcla de talento y oportunismo de Fernando Alonso, postergaron hasta la fecha 20 la definición del campeonato y una antes, la copa de constructores. Es muestra suficiente de lo acontecido en la temporada. Tal vez la deuda pendiente es el temprano renunciamiento de McLaren en esta pelea, merecido protagonista por capacidad y trayectoria. Primero con Jenson Button sufriendo horrores el rendimiento de los Pirelli y después con Lewis Hamilton, quién ya en Corea resignando toda posibilidad, la verse colmadas la capacidad de deserciones en una temporada.
Después de Austin –el acierto de incorporar un circuito extraordinario– la suma de tres puntos más que su rival, tenía un sabor más amargo que dulce en el team británico. Distintas sensaciones dejaba en el paladar de los de Maranello, quienes a pedir de Alonso, tenían una oportunidad más… una más, tal cual indicaba el dedo índice del español.
Carreras son carreras, y eso lo saben todos los protagonistas. Si bien confían en sus potencialidades, factores externos pueden operar a favor o en contra. Así es Interlagos. El José Carlos Pace exige en traza y en clima. Caluroso, húmedo y con lluvias intermitentes, es una caja de pandora. Fernando confiado en el ritmo de carrera de la Ferrari Nº 5, el aporte de su recuperado compañero de equipo –un sabedor del escenario– y el propio talento que le dio la victoria en Malasia, bajo condición de piso mojado, fue argumento suficiente en procura de una última oportunidad. Por su lado, el germano, debía administrar una diferencia importante pero escasa ante la tendencia del piloto español, de ser un abonado al podio. Trece puntos no eran mejor que los veinte que Sebastian había acumulado hasta el sorpaso de Lewis. El gesto de Adrian Newey lo decía todo.
El juego psicológico de Alonso a lo largo del año, llegaba a su máximo potencial con las condiciones de inestabilidad que se esperaban en el fin de semana carioca. Todo el paddock ponía como favorito al español, olvidándose del talento conductivo del germano en esas mismas condiciones.
La inestabilidad se hizo presente desde el momento en que había que definir la jornada, al tiempo que los riesgos debían ser administrados. La presión y el strees llevaron al yerro de Vettel en clasificación. En carrera padeció los desaciertos de su coequiper desde el inicio mismo. Peligrosas maniobras, pusieron en riesgo innecesario el desarrollo de la competencia, además de sumarle un error grosero del RBR al mandarlo a pista con neumáticos de piso seco, cuando exigía los intermedios. Sin embargo tuvo ayuda de la suerte. Se salvo de un Lotus descontrolado en el frenaje de la curva 4, pero Bruno Senna le asestó un golpe en el lateral izquierdo. Ultimo y a remontar con la adrenalina a full. En la otra vereda caras de satisfacción y la posibilidad de darse aquello que tanto habían deseado, un conjuro que les daría el campeonato.
A medida que transcurrían las vueltas el campeonato pasaba de mano en mano. Y para pasar de mano en mano ha sido invalorable el papel de Felipe Masa. Qué dirán los puristas ahora del papel de Felipe. Fue más que Alonso en este segunda  parte del calendario. Basta con ver lo hecho en Austin. Mientras Alonso terminaba tercero beneficiado por la discutida estrategia de violar el precinto de la caja de cambios de la Ferrari Nº 6, el brasileño trepaba a la cuarta colocación de la clasificación final después de haber partido en 10º posición.
Justo y merecido. Mientras Alonso recurría al conjuro, Vettel y RBR trabajaron a destajo para lograr el tricampeonato. El arranque no fue bueno. El menos veloz de los F1, depende pura y exclusivamente de la aerodinamia y el buen manejo del germano. Al discurso de victima de Alonso, hay que agregarle que Vettel, salió del Hungaroring con 42 puntos de desventaja y deserción mediante en Monza, logró capturar el primer lugar del campeonato en Corea, es decir cuatro carreras antes de finalizar la temporada. Nunca el RBR fue el más rápido, pero sí el más equilibrado. Por su parte, Ferrari no tuvo un año tan desastroso como quieren hacernos creer. No tan eficaces en la vuelta rápida los días sábados, terminaban siendo los más consistentes en carrera. Las largadas no eran solo atributos del español. Felipe aprovecho la potencia en más de una partida, aún en aquellos trances malos del brasileño, lo que habla a las claras del potencial de Il Cavalino Rampante en las partidas. La velocidad punta ha sido un pilar fundamental. Los sobrepasos en la recta larga de Budd Circuit de la India así lo demuestran. Y fundamentalmente la confiabilidad, sumado al ritmo de carrera, hizo posible los podios y los puntos importantes.
RBR y Vettel, arrancaron mal, con rumbo perdido. Abandono por confiabilidad en Valencia y Monza, comienza a dar vuelta la suerte en Bélgica. Allí, en Spa no pasó a la Q3, clasificando 11º. Beneficiado por la desastrosa largada de Grosjean, llegó hasta el 2º lugar gracias al riesgo que asumió en la chicana de la parada de autobús. Sin velocidad punta, fue un mérito llegar al podio.
Otro punto culminante en el desandar del campeonato, fue el tercer lugar en Abu Dahbi. Después de largar desde los pits, logra un tercer puesto gracias a su destreza y a la caballerosidad de Jenson Button, hacia el final de la carrera, lo que valdría la cara de “traste” del español.
Lo cierto es, que mientras Alonso recurría al esoterismo, al juego psicológico, al menosprecio del rival, a autodefinirse como semidiós, a esperar el fracaso de los otros –como así los demuestran las declaraciones post Interlagos al reconocer que esperaba la deserción de Button–, Vettel & Cia trabajaban duro y confiados en las propias fortalezas.
Al toque que le valió el último lugar en la primera vuelta, le sobrevino la pérdida del team radio, la perdida de rendimiento, el yerro del equipo en boxes calzándolo con slick y una consecuente tercer parada por intermedios, y un fin de semana para el olvido de su coequiper Webber, que muy lejos estuvo de beneficiarlo en sus intervenciones, fueron condimentos exagerados para una definición de campeonato, que tenia bien merecido. Las cinco victorias, cuatro de ellas consecutivas, demuestran el protagonismo del triple campeón. Nunca especuló, arriesgó y fue por más, muy a pesar de lo desfavorable de las circunstancias del inicio.
Algunos pondrán en duda las cualidades del piloto alemán, a consecuencia de los cantos de sirena. Es un legítimo y merecido campeón. Tiene el medio más equilibrado, es verdad, pero recién apareció en Japón, seis carreras antes del final, por lo tanto, no gozó como en 2011 de un arma letal que no tenía rival. ¿Qué hubiera hecho Vettel al volante de la F2012 de Alonso? Es un supuesto indescifrable, pero me animo a decir que lo mismo que Alonso al mando del RB8.
Por lo de Austin, se hizo justicia… Hay un nuevo tricampeón y se llama Sebastian Vettel.    

martes, 16 de octubre de 2012

De víctimas y victimarios



Christian Horner supo decir, que esta temporada no permitía pronosticar ningún resultado, ni mucho menos vislumbrar tendencias.
Si hacemos memoria y nos remitimos a las declaraciones de algunos referentes de la máxima, –como el propio Nikki Lauda, Flavio Briatore o Michael Schumacher– ellos señalaban en su momento, que Fernando Alonso se erigía como el máximo favorito a la corona 2012.
Por aquel entonces, los resultados avalaban los pronósticos y al escepticismo inicial en la labor del team de Maranello, lo cubría un halo de optimismo de propios y extraños, despejando toda duda relativa a la competitividad del bólido rojo, virtud al encabezamiento de la tabla de clasificación del campeonato de pilotos. Hasta los especialistas veneraban las condiciones aerodinámicas de la F2012, resaltando lo rápido que el piloto español lograba los tiempos en la clasificación. Hasta se llegó a decir que Felipe Massa era un lastre del cual había que deshacerse a mitad de temporada, a favor  de la ambición que la Scuderia tenía sobre la copa de constructores. La seguidilla de poles en Silvertone y Hockenheim y la administración precisa y regular de Alonso al volante, aventuraban el dominio de la temporada, que ya era realidad en el primer segmento hasta el receso estival. Además, los rivales no terminaban de ser lo suficientemente consistentes para librar batalla. Primero los desaciertos de McLaren, la perdida de rumbo de RBR, los amagues de Mercedes AMG y después las auto exclusiones  –por distintas razones– de Mark Webber y Jenson Button como contendientes al título, las limitaciones de Lotus y finalmente la caída de Lewis Hamilton.
¿Qué cambió del pasado inmediato a este presente oscuro? El reconocimiento de severas fallas en el túnel de viento de Maranello, la presión de Fernando Alonso a su equipo para evolucionar la F2012, la cruda realidad de entender que especulando con podios no basta para lograr un título, a lo que se suma las tres victorias consecutivas de Sebastian Vettel, alguien a quién –si tomamos de sus declaraciones, que Webber primero y Hamilton después, eran los referentes válidos al momento de analizar la ventaja de puntos– el piloto español quiere ignorar como rival directo, parecen ser los argumentos del apocalipsis ferrarista. Sin embargo es correcto analizar, que la dupla Ferrari-Alonso más allá de la consistencia y pericia demostrada, no son infalibles y que el sistema de puntuación muchas veces resulta engañoso. Lo que parece una gran ventaja, se evapora en un suspiro. Pero no creo que ahora, la fortaleza se transforme en debilidad. El “victimario” de las aspiraciones rivales, devenido en “víctima” como se empeñan en manifestar, no es real. Fernando declaró que está acostumbrado a pelear desde abajo, que hace cinco años que lo viene haciendo y en parte es acertado, pero no encaja en el desarrollo de esta temporada. Perdió el liderazgo a falta de cuatro GP, pero no los recursos ni las posibilidades. Si la actualidad es tan negativa, ¿cómo se entiende la recuperación de Felipe Massa? Si la Scuderia no estuviera a la altura de las circunstancias, el brasileño jamás hubiera demostrado mejoras consistentes desde Spa-Francorchamps hasta Corea del Sur, resignando dos podios y siendo después de Vettel el piloto que más puntos sumo en igual periodo. Alguien condenado por la opinión pública, señalado como falto de virtudes para conducir la Ferrari Nº 6, quien hizo posible especular con la llegada en su lugar del polaco Robert Kubica –a quién creo personalmente fuera de la F1 de modo definitivo–, de repente es más rápido que el piloto estrella tal cual lo demostrado en Yeongam, no es por gracia divina. Si bien Felipe ha recuperado fortaleza anímica y autoestima, la Ferrari es más dócil que a principios de temporada, además de ser obediente al estilo de manejo del piloto brasileño. En conclusión, los de Ferrari no eran los mejores (victimarios), ni son los peores (victimas).
Es difícil saber a ciencia cierta cuál será el resultado final. En Red Bull, las cosas no han resultado sencillas, y como ha declarado Sebastian, se ocuparan de ellos mismos antes que de sus rivales, evidenciando que el liderazgo es producto del trabajo, pero que puede echarse a perder ante el más mínimo error. Los de la bebida energizante saben que detrás está la astucia de Alonso y el poderío de Ferrari, que la ventaja de seis puntos sabe a nada pero es vital mantener –bajo estas circunstancias un punto hace a la diferencia– y que el factor fiabilidad es patrimonio exclusivo de los italianos.
Nada está dicho. Quedan algo más de 1.200 km por recorrer hasta la bandera a cuadros más esperada, y cualquier cosa puede pasar, en dónde los que menos chances tienen pueden terminar envueltos de gloria. Finalizado el GP de Monza, los RBR estaban casi desahuciados y tres GP después comandan ambos campeonatos. Ellos lo saben y saben también que el favoritismo puede cambiar de rumbos más allá de cualquier esfuerzo. No hay nada dicho aún y el mini campeonato está más apasionante que nunca…

domingo, 7 de octubre de 2012

La F1 humanizada



Al culminar el giro 53 del GP japonés en Suzuka, un tibio aliento desde el box rojo, felicitaba a Felipe Massa por el podio logrado luego de 35 carreras, donde allá –un 24 de octubre de 2010– en oportunidad del GP de Corea, lograba un tercer lugar en la clasificación final. Sin dudas que el magro resultado del español, había calado hondo en el ánimo de la Scuderia, pero Felipe merecía más entusiasmo, el mismo que identifica a los itálicos como los más simpáticos y alegres de la grilla, para coronar su buena actuación. Y la buena actuación del brasilero se cristaliza con este podio, pero hilemos más fino.
En Italia fue mejor que Fernando Alonso, tanto en clasificación como en carrera, pero si tomamos el segundo segmento del campeonato, en Spa cosecho 10 puntos, en Monza 12 (pudiendo haber sido 15 si no hubiera regalado el podio a su compañero), 4 en Singapur luego de una remontada de 16 puestos después de quedar último a raíz de un pinchazo y los 18 de Suzuka, que suman un total de 44 puntos contra los 30 de su compañero.
Claro que los 125 puntos que lo separan de Fernando Alonso son insalvables, al igual que las 14 a 1 clasificaciones, pero algún mérito mayor tienen, en virtud de lo expresado por el piloto español quién aseguró que la Ferrari está más para lo hecho por Felipe que lo hecho por él. Con cierto dejo de vanidad, lo dicho refleja la actualidad del equipo rojo, que bien podría estar en peores circunstancias, de no mediar sucesivos infortunios de McLaren y Red Bull Racing, que el propio Alonso supo capitalizar.
Stefano Domenicali y Fernando Alonso se han quejado por la mala fortuna padecida en Suzuka, a lo que sin dudas, debieran ser más agradecidos si consideran que fueron favorecidos en más de una oportunidad por ella, al margen de posibilitarle estar peleando por el campeonato.
A su vez, el propio Domenicali, resta importancia a los reclamos del español, quién activa la alarma por la falta de competitividad del bólido rojo, reclamando evolucionar sin pérdidas de tiempo, a lo que el responsable italiano responde con declaraciones que intentan minimizar el efecto, al aseverar que si no lo hubiesen hecho, estarían en una situación peor y que las declaraciones de Fernando fueron en caliente, en virtud de un mal fin de semana.
Más allá de estas situaciones anecdóticas, lo experimentado en el podio japonés llena de alegría y satisfacción a todos los amantes de este deporte tan competitivo. El primer podio de Kamui Kobayashi desde su debut en Fórmula 1 y el clamor del pueblo japonés en respuesta, no hace más que dar muestras de humanidad, erizando la piel de propios y extraños, desde Monisha Kaltenborn hasta el más recóndito de los televidentes. El reconocimiento de Sebastian Vettel y Felipe Massa al piloto japonés, confirma el hecho y la satisfacción que ha despertado el resultado logrado por él, mérito a su entrega. La vuelta al podio de Felipe es motivo de emoción, luego de ser cuestionado por la afición, vapuleado en los resultados  por su compañero de equipo y sumido en la desconfianza de su propio equipo –el que alguna vez le indicó donde activar el kers como si se tratara de un novato inexperto– y Dios lo permita, sea el inicio de una recuperación definitiva. El brillo en los ojos de Sebastian denunciaban la emoción propia de quién viene remando una situación adversa. Y es merecido. Con el tercer puesto en cantidad de poles e igualando la marca del quíntuple Juan Manuel Fangio en  victorias, es hora de poner las cosas en claro. El germano es un excelente piloto, tanto como lo es el propio Fernando Alonso, Lewis Hamilton, Jenson Button, kimi Raikkonen y Michael Schumacher, por lo que no veo necesidad de menoscabarlo cuando los resultados no lo acompañan o sobrevalorarlo como en el caso de Alonso. Todos ellos brillantes pilotos, capaces de superar cualquier adversidad en cualquier circunstancia, por algo son campeones y por ende merecedores de los logros que persiguen. Pero ninguno merecedor del atributo de Semi Dios, como Juan Manuel Fangio o Ayrton Senna, que el tiempo se encargó de etiquetar.
Como expresara Alonso, comienza un mini campeonato de cinco fechas y bienvenido sea. Ahora sí, la casa está en orden.