domingo, 2 de diciembre de 2012

Mas para ganar que para perder



Si mi vida dependiera en determinada circunstancia del prójimo, no quisiera que precisamente ese, sea un piloto de Fórmula 1.
Voraces y egocéntricos, no reparan en ninguna determinación a tomar, ni a dejar de ser caústicos en el discurso, cuando se trata hablar de un colega. Hasta a veces, el cinismo es tan recalcitrante que no hay más remedio que un golpe bajo, como aquellos que se propinaron el colombiano J. P. Montoya y el canadiense Jaques Villeneuve. No imagino cómo debe ser un día en la vida de estos personajes, pero créanme, no los envidio. No todo termina cuando finalizan las pruebas libres, la clasificación o la carrera, más bien todo comienza. A los record de vuelta, a los record de timer en los pit-stop, a los sobrepasos, le siguen las declaraciones hipócritas, cínicas y agraviantes.
Obviamente no todo es blanco o negro. En el espectro, hay extremos y esos extremos hoy están representados por Fernando Alonso y Kimi Räikkönen.
Fernando Alonso, es el tipo de personalidad del que uno no quisiera depender en cuestiones de vida o muerte. A la voracidad y el egocentrismo, hay que agregarle la manipulación que hace de las situaciones para favorecer su imagen. El encantamiento de la opinión pública de la F1, no es ni más ni menos que producto de la manipulación. Es un líder, no voy a desconocer las virtudes que sobre ello tiene, demostrada en pista y fuera de ella, pero detrás de cada acción, cada declaración, hay una segunda intensión.
Cuando llega a Ferrari en 2010, el primer desconcertado es Felipe Massa. Convencido que la causa mayor de la pérdida del campeonato 2008, fue la manipulación espuria de Flavio Briattore –dónde el español fue partícipe necesario al igual que Nelshino Piquet con aquel famoso Crash Gate–, no estaba dispuesto a hacerle las cosas fáciles. Alonso, quién ya venía de ser derrotado en McLaren por el impiadoso Lewis Hamilton, tampoco lo creía. Hay una maniobra que refleja los ánimos y las intensiones inescrupulosas de un sujeto voraz. El sobrepaso en el ingreso a la calle de boxes del GP de Malasia de 2010. Marcó el territorio como un macho Alpha y fue determinante. Los esfuerzos de Felipinho fueron infructuosos. En Nürburgring, acontecería el hecho más fatídico para las aspiraciones del brasileño. El team radio entre Alonso y el Ing. Andrea Stella es claro. “Es ridículo” dijo Alonso respecto a la defensa de posición por parte de Massa. Inmediatamente el “Fernando es más rápido que tu”, sentenció las aspiraciones de Felipe en pro de recuperar autoestima. A esa altura los actos y las declaraciones seducían a los tifosi. Entre las victorias y la estrategia de llegar al podio en las carreras restantes, lo situaban como firme candidato al título. En Corea, el renuncio del motor Renault que equipaba el monoplaza de Vettel, lo ponía más a tiro que nunca de sus aspiraciones, poniendo de manifiesto toda su verborrágica expresión. Llegaban a la última cita, después de pasar por Interlagos dónde fue insultado en la grilla por los aficionados brasileños, quienes tenían muy presente la manipulación de la cita alemana. Llega a Yas Marina con las chances intactas –ventaja de 8 puntos sobre Webber y 15 sobre Vettel–, pero entre el español y su equipo cometen un yerro imperdonable. A diferencia de Ferrari –dónde Alonso cumple muy bien el papel de líder– en Red Bull Racing hay juego abierto. Consideraron a Mark Webber la amenaza e ignoraron al por entonces inmaduro Sebastian Vettel, el de menores chances de alzarse con la corona. Fueron tan ciegos, que no repararon en el tráfico y el ruso Vitaly Petrov se convirtió en la pesadilla. Como todo gran manipulador, quiso exculparse reclamándole al ruso el haber oficiado de tapón, una vez caída la bandera cuadriculada. Al día de hoy sigue ignorando a Sebastian, lo que bien podría llegar a entenderse como una justificación de aquello que no evaluó: El primer título del alemán y el inicio de una amenaza demoledora.
La temporada 2011 sucedió sin penas ni gloria, a tal punto que fue él, quién recogió las migajas de Vettel en el circuito de Silverstone, gracias al yerro de los mecánicos de RBR en el pit-stop. A estas alturas, el largo ayuno de 35 carreras sin podios de Felipe Massa, comenzaba a profundizarse y con ello las dudas de su valía.
A las esperanzas renovadas que le daba el nacimiento de la F2012 en función de las pretensiones de competitividad, la realidad del invierno europeo con las pruebas comunitarias en Montmeló, volvían a darle un cachetazo. El inicio de temporada no fue el mejor. Encima el presente de Felipe Massa estaba sumido en una profunda crisis. Las odiosas comparaciones de la opinión pública tampoco ayudaban a que esa crisis finalizara, en tanto la mente del brasilero yacía agotada. A tal punto se había encendido la alarma, que Martin Whitmarsh se apiadó de él, declarando que el presente era producto del verticalismo que imponían Ferrari y su piloto estrella. Jenson Button, por su parte, ratificaba los dichos del británico en momentos que por el paddock, circulaban las versiones como reemplazo de Massa en 2013, aseverando que no había motivos para moverse de McLaren cuando en la Scuderia privan los caprichos del español.
Las declaraciones del piloto ovetense desbordan franqueza, pero hay que filtrarle el contenido subyacente. Podría escribirse bastante sobre el tenor de sus declaraciones, pero solo voy a referirme a las más significativas del 2012. Tras la victoria de Malasia y la sombra de presión sobre el Sauber Team, declara que si bien Sergio Pérez era más rápido, solo había una huella para transitar y que con ello tenía controlada la situación. Es verdad, pero el Sauber era realmente más rápido y me hubiera gustado ver como se defendía, sin haber mediado la orden a Pérez de cuidar el segundo puesto y el posterior despiste, producto tal vez, de desconcentración.
Hay un dicho popular que dice a tus empleados dos cachetadas y una caricia. Pues Alonso lo aplica bien a su partener brasilero. Cuando vació del piloto paulista toda rebelión sanguínea –basta observar los back stage entre 2006 y 2008, mostrando su fuerte carácter para confirmar lo que digo– se ocupó de moldearlo a sus intereses. “…me da risa la prensa cuando habla de los sucesores de Felipe…”, “…no hay mejor opción que Felipe…”, etc. podría traducirse en “ahora que sabes que soy el número uno, podes sentarte a mi mesa”.
Las personas que se dedican a la alta competencia no conocen la bondad. ¿Cómo podrían practicarla? Por ello, los elogios a Massa no son creíbles. Más bien aprovecha lo que es para su beneficio. ¿Recuerdan el titulo de Hakkinen en 1999? Bien, Eddy Irvine llegaba con posibilidades a Japón y precisamente, por si acaso, Michael Schumacher no quiso ganar esa carrera. ¿Qué hubiera pasado con Schumy si el irlandés ganaba en 1999? ¿Qué pasaría con Alonso si llegara Checo Pérez u otro menos manipulable? Por si acaso, más vale un adoctrinado conocido que uno por adoctrinar.
La manipulación y el egocentrismo llegan a máxima expresión, cuando declara que los resultados de Massa son los acordes al rendimiento de la F2012. Por un lado la defensa de Massa a las críticas, que se tornaban irreverentes y por otro lado dejar subyacente, el hecho que lograr los resultados que se habían logrado, eran virtud exclusiva de su capacidad –lo cual es cierto y reconocible–, pero no exacto. El deporte motor no admite hazañas por fuera del medio mecánico. Depende del potencial tecnológico y del respaldo humano de un equipo.
Uno puede tener mayor simpatía por uno u otro piloto. Creo que Rubinho Barrichelo y Jenson Button, son las personas con mayor adhesión pública en el presente de la Fórmula 1. Alonso ha cosechado muchos más adeptos a partir de lo hecho en este 2012.
Existe un favoritismo con los más desfavorecidos. Cuando juega el Barcelona contra el Getafe, uno se inclina por el más débil. Aquí es donde Alonso inteligentemente manipula con sus declaraciones la opinión pública:
Primero se autoproclama como aquel semidiós, desprovisto de un arma que le permita luchar de igual a igual contra el poderío de Red Bull Racing. Habría que decir que el RB8 dista –y mucho– del RB7, en cuanto a performance y confiabilidad, donde en la temporada  se vieron muchos altibajos, contrarrestados en las últimas siete carreras.
En esa desventaja, exime al equipo y a su coequiper. Lo cual es más que cierto. En pits, salvo la rueda trasera derecha que le trajo complicaciones en Austin, no tuvieron errores. Felipe terminó siendo más rápido que el español en clasificación, como lo demuestran las clasificaciones de Austin e Interlagos, lo que habla de un incremento potencial como equipo.
Las declaraciones de los sábados denotaban resignación “…era lo que esperábamos, estar sextos, séptimo u octavos…” En realidad gozaba de la tranquilidad del potencial de la Ferrari en carrera. Su manipulación ha hecho creer que la F2012 era un zapallo tirado por ratones y que gracias a su talento, era un lujoso carruaje tirado por seis caballos de raza. Ningún cuento de cenicienta, la F2012 tenía la virtud en su salida de partida detenida –así lo demuestra Felipe Massa, inclusive en su peor momento–, en el ritmo de carrera y en la velocidad punta –como la del Budd Circuit de la India– en rectas.
La convicción de lograr el objetivo “…ahora es un mini campeonato de cinco carreras. Quién haga mejor las cosas será el campeón…” O dicho de otra manera, todos me tienen como favorito y Vettel deberá sobreponerse a mi juego psicológico. Primero señaló como su principal rival a Mark Webber; visto que Lewis Hamilton padecía problemas de confiabilidad y desajustes en el equipo, más cierto malestar en el seno de McLaren, este paso a ocupar el lugar del australiano. De verba incontinente, hasta se dio el lujo de aconsejarle al piloto británico sobre el rumbo a tomar en el futuro inmediato. Cuando los vientos comenzaron a rotar del lado germano –Niki Lauda había afirmado que el campeón sería Alonso, aunque semanas después cambiaría radicalmente de opinión– la mira apuntó al talento de Adrian Newey. Ya la victimización era más profunda, aunque dejando bien en claro que no iba a renunciar. Tal vez por cuestiones esotéricas (me cuesta creer que se haya apoyado en ello, pero no encuentro otra explicación), le daba esperanzas a los tifosi, mediando posiblemente algún infortunio en el RB8 en la jornada de Austin, que los dejara con mayores opciones de cara a la última cita. Más aún, confiando que la lluvia de Interlagos, les daría un hándicap ventajoso.
Orgulloso de los recursos discutibles y al límite de la ética. Discutible o no, los equipos van al límite de los vacios reglamentarios. Claro que hay formas de hacerlo. Violar un precinto de la caja de velocidades de la Ferrari Nº 6, es como decir ¡mira lo que hago!!! Hubiera sido más decoroso haberle cambiado la caja. Hubiera sido mejor el silencio, que declarar orgullo.
Pido una más. Los gestos de arrogancia de los pilotos no tienen límites. Al salto atlético con el puño cerrado en alto de Schumy en su esplendor y al dedo índice desafiante de Vettel, se suma el sello español: “…Una más…” Pero la gestualidad del español no termina ahí. A la expresividad verbal en la que se esfuerza por mostrarse afiatado y dueño de una fortaleza sin fisuras, se contrapone el semblante después de cada carrera. Basta ver el podio de Abu Dabhi para observar el fastidio. A la alegría de Kimi quién lograba una victoria impecable en su primer temporada tras el retorno, se sumaba el desconcierto de Alonso por el logro de Vettel, quién partiendo del pit-line, y haber roto el alerón delantero al inicio, llegaba tercero a 4 segundos del piloto nórdico.
En Interlagos puede pasar cualquier cosa. Y paso. Vettel terminó último en la curva 4; escape izquierdo del RB8 dañado, sin team radio, perdida de rendimiento por nuevo mapeo de motor para evitar la rotura, yerro en la elección de los neumáticos, cuarta entrada a boxes por neumáticos intermedios, toque entre Hulkenberg y Hamilton, deserción del británico, pase y siga para el germano, Massa sede el segundo puesto a Alonso, maniobra arriesgada de Kamui en el sobrepaso que ejecuta Vettel y poca resistencia de Schumacher en la lucha por el sexto lugar, distancia indescontable a Button, accidente de Paul Di Resta en la subida a los boxes, coche de seguridad, bandera a cuadros; Jenson ganador de la primera y la última del calendario, Sebastian sexto y tricampeón más joven, podio emotivo de Felipe Massa, resignación de Fernando Alonso… Ya no quedaba más, ni una más.
El sin sabor de los tifosi vale más que el logro de Sebastian Vettel y RBR, quienes logran el campeonato de pilotos y constructores por tercer año consecutivo. Fernando Alonso con su voracidad, con su manipulación, con su juego político, no pudo ganar el campeonato por segunda ocasión en tres años. Alguna vez declaró que no le importaba si al llegar su retiro, no había cosechado ningún otro título. También declaró que ir a Ferrari no estaba entre sus objetivos o que con Ferrari ganaba cualquiera. El tiempo termina confirmando lo opuesto. Esta en Ferrari, satisfecho y orgulloso, construyendo su entorno en base a su liderazgo –hasta a transformado a Massa en su perrito faldero–, pero lejos de conformarse con la tarea hecha sin campeonatos que lo ratifiquen. Como dijo Ayrton Senna “…el segundo es el primero de los perdedores…”, y no es una frase más. Es el fiel reflejo del espíritu que gobierna a los protagonistas principales del circo más fabuloso del mundo, el de la Fórmula 1.
Tal vez ahora sienta la frustración de Felipe en 2008, cuando por un punto no logró aquel campeonato tan merecido –como también lo fue para Lewis–, víctima de hechos inescrupulosos, (como el ímpetu descontrolado de Romain Grosjean en Spa del que fueron víctimas Alonso y Hamilton), en aquella manipulación bochornosa de Briattore, que a la postre fuera determinante a las aspiraciones de unos y otros.
Todo llega. La vida es justa. Más tarde o más temprano somos víctimas de nuestros propios actos de arrogancia y soberbia.