Christian Horner supo
decir, que esta temporada no permitía pronosticar ningún resultado, ni mucho
menos vislumbrar tendencias.
Si hacemos
memoria y nos remitimos a las declaraciones de algunos referentes de la máxima,
–como el propio Nikki Lauda, Flavio Briatore o Michael Schumacher– ellos señalaban en su momento, que Fernando Alonso se erigía como el máximo
favorito a la corona 2012.
Por aquel
entonces, los resultados avalaban los pronósticos y al escepticismo inicial en
la labor del team de Maranello, lo cubría un halo de optimismo de propios y
extraños, despejando toda duda relativa a la competitividad del bólido rojo,
virtud al encabezamiento de la tabla de clasificación del campeonato de pilotos.
Hasta los especialistas veneraban las condiciones aerodinámicas de la F2012,
resaltando lo rápido que el piloto español lograba los tiempos en la
clasificación. Hasta se llegó a decir que Felipe
Massa era un lastre del cual había que deshacerse a mitad de temporada, a
favor de la ambición que la Scuderia
tenía sobre la copa de constructores. La seguidilla de poles en Silvertone y Hockenheim y la administración precisa y regular de Alonso al
volante, aventuraban el dominio de la temporada, que ya era realidad en el
primer segmento hasta el receso estival. Además, los rivales no terminaban de
ser lo suficientemente consistentes para librar batalla. Primero los
desaciertos de McLaren, la perdida de
rumbo de RBR, los amagues de Mercedes AMG y después las auto
exclusiones –por distintas razones– de Mark Webber y Jenson Button como contendientes al título, las limitaciones de Lotus y finalmente la caída de Lewis Hamilton.
¿Qué cambió del
pasado inmediato a este presente oscuro? El reconocimiento de severas fallas en
el túnel de viento de Maranello, la presión de Fernando Alonso a su equipo para
evolucionar la F2012, la cruda realidad de entender que especulando con podios
no basta para lograr un título, a lo que se suma las tres victorias
consecutivas de Sebastian Vettel,
alguien a quién –si tomamos de sus declaraciones, que Webber primero y Hamilton
después, eran los referentes válidos al momento de analizar la ventaja de
puntos– el piloto español quiere ignorar como rival directo, parecen ser los
argumentos del apocalipsis ferrarista. Sin embargo es correcto analizar, que la
dupla Ferrari-Alonso más allá de la consistencia y pericia demostrada, no son
infalibles y que el sistema de puntuación muchas veces resulta engañoso. Lo que
parece una gran ventaja, se evapora en un suspiro. Pero no creo que ahora, la
fortaleza se transforme en debilidad. El “victimario” de las aspiraciones
rivales, devenido en “víctima” como se empeñan en manifestar, no es real.
Fernando declaró que está acostumbrado a pelear desde abajo, que hace cinco
años que lo viene haciendo y en parte es acertado, pero no encaja en el
desarrollo de esta temporada. Perdió el liderazgo a falta de cuatro GP, pero no
los recursos ni las posibilidades. Si la actualidad es tan negativa, ¿cómo se
entiende la recuperación de Felipe Massa? Si la Scuderia no estuviera a la
altura de las circunstancias, el brasileño jamás hubiera demostrado mejoras
consistentes desde Spa-Francorchamps
hasta Corea del Sur, resignando dos
podios y siendo después de Vettel el piloto que más puntos sumo en igual
periodo. Alguien condenado por la opinión pública, señalado como falto de
virtudes para conducir la Ferrari Nº 6, quien hizo posible especular con la
llegada en su lugar del polaco Robert
Kubica –a quién creo personalmente fuera de la F1 de modo definitivo–, de
repente es más rápido que el piloto estrella tal cual lo demostrado en Yeongam, no es por gracia divina. Si
bien Felipe ha recuperado fortaleza anímica y autoestima, la Ferrari es más
dócil que a principios de temporada, además de ser obediente al estilo de
manejo del piloto brasileño. En conclusión, los de Ferrari no eran los mejores
(victimarios), ni son los peores (victimas).
Es difícil saber
a ciencia cierta cuál será el resultado final. En Red Bull, las cosas no han
resultado sencillas, y como ha declarado Sebastian, se ocuparan de ellos mismos
antes que de sus rivales, evidenciando que el liderazgo es producto del
trabajo, pero que puede echarse a perder ante el más mínimo error. Los de la
bebida energizante saben que detrás está la astucia de Alonso y el poderío de
Ferrari, que la ventaja de seis puntos sabe a nada pero es vital mantener –bajo
estas circunstancias un punto hace a la diferencia– y que el factor fiabilidad
es patrimonio exclusivo de los italianos.
Nada está dicho.
Quedan algo más de 1.200 km por recorrer hasta la bandera a cuadros más
esperada, y cualquier cosa puede pasar, en dónde los que menos chances tienen
pueden terminar envueltos de gloria. Finalizado el GP de Monza, los RBR estaban casi desahuciados y tres GP después comandan
ambos campeonatos. Ellos lo saben y saben también que el favoritismo puede
cambiar de rumbos más allá de cualquier esfuerzo. No hay nada dicho aún y el
mini campeonato está más apasionante que nunca…
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