jueves, 28 de marzo de 2013

Desobediencia Debida



Hay confusión dónde no debería. Polémica dónde si debería, pero con argumentos contradictorios. Malasia, al parecer, tiene la sana costumbre de dejarnos tela para cortar. En 2012, trescientos sesenta y cuatro días antes, nos quedaba la extraña sensación de la oscura sombra de la duda ¿Hubo orden de Ferrari a Sauber? Buena parte del año se polemizó con ello. Argumentos no faltaban. Los de Maranello sellaron el antecedente en 1997, cuando el equipo suizo portaba motores Ferrari y partió la directiva desde la cúpula de Il Cavallino para ayudar a Schumy en su lucha personal contra el William de Jaques Villeneuve. La jugada resultaba extraña, por la etapa inicial de la temporada 2012, no así por las circunstancias. Pero más allá de las dudas, la tensión de las vueltas finales, con un Checo Pérez acariciando la gloria y un Fernando Alonso produciendo el milagro, hizo de Sepang, la válvula que disparaba una bocanada de aire fresco para el resto del año.
En 2013, la sospecha no es sobre órdenes, todo lo contrario: Desobediencia. Los de Milton Keynes vienen sufriendo con el rendimiento de los Pirelli, al punto de utilizar la primera parte de la sesión de la tercera prueba libre para un long run. Fue la razón por demás suficiente para asegurarse una victoria sin sobresaltos, dejando las cosas como venían –Webber primero, Vettel segundo– evitando luchas fratricidas que comprometieran el rendimiento y el resultado final. Fuera Alonso –el único que podría haber comprometido la estrategia– en el inicio de la 2º vuelta de un total de 56 y Ross Brawn aplicando una estrategia discutible –evitando por todos los medios que Nico Rosberg vaya en procura de los RBR para preservar el podio de Lewis Hamilton–, Horner y Newey con el australiano delante del pelotón, aseguraban la ventaja sin sorpresas hasta la bandera a cuadros, pero… Siempre hay un pero, máxime cuando  en las filas está el joven tricampeón mundial. El mismo que en cuanto Horner le dice que administre las vueltas finales –por el resultado y por la diferencia a quién le secunda–, clava un record de vuelta. Ya manifestó Gerhard Berger cuando trazó una pincelada sobre Ayrton Senna, al sostener que los campeones son extremadamente egoístas. Dicho en criollo, ¿qué puede hacer un zorro en un gallinero, más que ver a la aves como presas?
Ahora bien. Como será de confuso el hecho que hasta hay dos circunstancias diferentes y opuestas en el mismo evento. Una: la desobediencia de Vettel, la otra: la obediencia de Rosberg. Estar a favor de uno, automáticamente implica oponerse al otro, con un agravante: Siempre se condenaron las órdenes de equipo. Aquel mamarracho estratégico en Austria, en el A1-Ring, dónde hasta llegaron a amenazar el futuro de Rubens Barrichello con tal que este cediera el primer lugar al múltiple campeón Michael Schumacher, fue el colmo de la manipulación –con Ross Brawn a la cabeza– y la consecuente condena de la opinión pública. Más tarde en 2010, otro brasilero, Felipe Massa, sufría una orden similar –Fernando es más rápido que tu– en el GP alemán.
Pongámonos de acuerdo. ¿De que lo acusamos a Vettel? De egoísta, de traidor, de mal tipo, de qué… Un campeón lo es por determinación, por talento y por la comunión con el equipo, o lo mismo que decir liderazgo. Vettel es líder. Schumacher es líder. Senna era líder. Distintos, pero con un denominador común: Hambrientos e insaciables. Que quiere decir Jhon Watson con aquello que deberían suspenderlo por algunas carreras, ¿una penitencia?. Y Niki Lauda quien sostiene que no tiene códigos y de nada sirven las disculpas, justamente dicho por alguien que abandonó el equipo Brabham en los entrenamientos de Montreal de 1979. El que esté libre de pecados que tire la primera piedra. Por caso Webber, ¿se olvida que en Interlagos 2012 fue uno de los que puso en compromiso la corona del alemán demostrando nada?
Cuando el magistral Ayrton Senna en octubre de 1990, desparramó en la primera curva de Suzuka a Alain Prost, todo el mundo convino en manifestar que se había hecho justicia, en función de lo acontecido en la definición del año anterior a favor del francés. ¿Hoy que diríamos? Que Senna es mal tipo, que no es saludable tomarse la justicia por mano propia.
Qué extraño, que la opinión pública ávida de gestos por fuera de lo políticamente correcto, condene a Sebastian Vettel. Los que hubiéramos deseado un mundo paralelo para gozar de la desobediencia de Barrichello y Massa, terminamos reprobando al germano, con la absurda contradicción que en un mismo suceso, hubiéramos querido la desobediencia de Rosberg. ¿Existe algún argentino que condene la determinación de Carlos A. Reutemann en Jacarepaguá ’81 desobedeciendo la famosa orden del equipo William a favor de Alan Jones?
La definición “…Senna era extremadamente egoísta. Como debe ser: no puedes ser un campeón mundial y ganar carreras siendo un buen tipo…” expresada por Berger[i], haciendo referencia al comportamiento en pista del más grande de todos los tiempos, hecha luz sobre los motivos que suelen tener los campeones. No existe el mundo perfecto, ¿por qué habríamos de exigirle a alguien serlo?
Los intereses de los equipos, atados a patrones económicos y comerciales, son opuestos a los del público. Dejémosle a ellos los gestos políticamente correctos, que sin espectáculo no hay público y sin público la Fórmula 1 no existiría.


[i] Revista One # 77

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