En un clima de
incertidumbre como el que se vive en Ferrari, se insiste y se especula sobre el
futuro de Sergio “Checo” Pérez, al
volante de “il Cavallino” número
seis.
Al mismo tiempo,
las declaraciones de Rubens Barrichello, estallaron produciendo una onda
expansiva de proporciones inimaginables, de la que aún no se tiene
consideración de los daños producidos.
Lo cierto, es
que la salida de Felipe Massa es un hecho, y los fantasmas de favoritismos y
conspiraciones en el propio seno de la Scuderia,
van acentuando el olor pestilente en el ambiente.
Las
declaraciones de Rubinho, no hicieron más que activar los mecanismos de la
memoria –ese atributo tan frágil que tenemos los de nuestra especie– y uno no
puede evitar caer en el juego de los siete errores, al ver las imágenes de los
podios del A1 Ring austriaco de 2002 y el de Nürburgring 2010. Basta con
recordar a un cabizbajo Rubens, sumido en la decepción –y al borde de una
crisis nerviosa producto de 8 vueltas de negociaciones bajo amenaza– y los
esfuerzos de Michael por congraciarse, en aquel nefasto y dramático podio. Los
esfuerzos de “Schummy” por
encumbrarlo como ganador moral, no hicieron más que exacerbar lo ridículo de lo
acontecido. Sencillamente la moral no tiene cabida en estas maniobras digitadas
desde boxes. Como para dar una idea de la imagen del abatimiento y la tensión, hay
que remitirse al GP de Imola, algún tiempo después y en un contexto más
desagradable, como lo fue el fallecimiento de la señora madre de Michael y Ralf
Schummacher. Tampoco fueron muy distintos los rostros de Alonso y Massa,
muchísimo tiempo después, en el GP germano.
Por si fuera
poco, Alonso insistió en declaraciones recientes, sobre las bondades de su
coequiper y las injustas críticas que viene recibiendo a raíz de su flojo
desempeño. Que un hombre de lastima no es positivo en función sus pretensiones
y de su propia estima, por eso dudo que esas declaraciones le ayuden en algo a
Felipe Massa. Por otra parte, el mandamás de la Scuderia, Luca Cordero di Montezemolo, no puede esconder su
favoritismo al enunciar que Fernando Alonso es el mejor piloto actual de la
categoría, mientras que atempera el discurso cuando se refiere al brasileño,
diciendo que requiere para su conducción de una máquina perfecta. No voy a
dudar de la calidad conductiva de Alonso, quién ha dado sobradas muestras de su
talento, sin embargo un punto en su contra es la circunstancia de haber
abandonado Mclaren, al cierre de la temporada 2007, al no soportar la presión
de un voraz Lewis Hamilton, dejando dudas respecto a su desempeño en políticas
de equipo más abiertas, y que si demostraron Sebastian Vettel, Lewis Hamilton,
Jenson Button y Kimi Raikkonen entre los actuales campeones en competencia.
Insisto en el
hecho que Felipe Massa es el mejor compañero que hoy por hoy puede tener el
español, pero la baja performance y autoestima, atentan contra el diseño
político de la Scuderia. Y se abre un gran interrogante. ¿Qué piloto de la
actualidad es lo suficientemente maduro, con prestigio y que quiera ser
escudero de Alonso, sin aspirar mucho más allá de las migajas que deje el
español? El mejor candidato era Rubens Barrichelo y hasta se había
autoproclamado como una opción a la posible salida de Massa, sin embargo las
fuertes declaraciones que dejan en evidencia un comportamiento mafioso de la
cúpula ferrarista, lo pone a la cabeza de la lista de los indeseables. Se habló
de Jenson Button, a decir verdad no creo que el británico salga de un equipo democrático como Mclaren para someterse
al verticalismo de Maranello y lo
mismo ocurre con Mark Webber. Para ambos, seguramente esta situación les puede
quitar el sueño, sin embargo las mejores opciones las tienen en sus actuales
equipos.
Con este
panorama, para aquellos que ven en Sergio Pérez la alternativa más potable, no
es descabellada esa opción. Ahora bien, si analizamos el contexto y la
tradición, sinceramente creo que puede ser el fin de su ascendente carrera.
Alonso, tiene para cuatro o cinco temporadas más, tiempo suficiente para
destruir el autoestima de cualquier talento.
Preferiría un Sergio
Pérez, en Mclaren, Red Bull o Lotus, equipos realmente poderosos con reglas de
juego abiertas, en donde realmente encontrará un escenario suficiente óptimo,
que le permita desarrollar sus cualidades conductivas y moldear su
temperamento, antes que perderse en el anonimato que le depara en la casa
italiana, quién ha destruido e inutilizado a pilotos tan veloces, como al
propio Barrichello y Massa, a raíz de su política de competencia tan
verticalista.
Espero que sea el momento del replanteo de la
política de competición en Maranello, posibilidad que permitiría la convivencia
de pilotos de primera línea y garantizaría mejores resultados para el equipo,
al menos es la pretensión de este humilde “tifosi” sudamericano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario