Fernando Alonso se
equivoca si realmente cree que Mark
Webber es su rival en la lucha por el campeonato de pilotos. Estaría
cometiendo el mismo error que en Yas
Marina 2010. Difícilmente el español tropiece dos veces con la misma
piedra, e íntimamente debe saber que el australiano no está solo, en la dura
contienda por el cetro 2012 de la máxima. En virtud, tanto Red Bull como McLaren
funcionan como equipo y son capaces de armar un escenario propicio en el que a
río revuelto cualquiera termine coronándose en Interlagos, incluyendo al Iceman
de Lotus. El desarrollo de la carrera
en el Hungaroring, mostró que en
algunos pasajes tanto Webber como Button,
estuvieron por delante de Alonso. Esta vez austriacos y británicos fallaron en
la estrategia, pero tal vez a futuro los acontecimientos sean diametralmente
distintos.
En el balance de
mitad de temporada, Alonso y Ferrari
tienen el saldo más a favor que el resto. Y no solo respecto a los 40 puntos de
ventaja en la tabla general –luego de disputadas once competencias– sobre
Webber, sino a la minimización de daños que fueron capaces de resolver a
principios de calendario, con victoria inesperada mediante. Sin embargo McLaren
cierra el medio año en alza, habiendo reducido las inoperancias colectivas de
los pit stop, y dando herramientas a
Lewis y Jenson a la altura de la historia del team. El receso estival lo
encuentra a RBR en una maraña reglamentaria, que hasta a dado en pensar a la
opinión pública, que se trata de un
equipo de dudosa honestidad deportiva. Sin embargo Helmut Marko no duda en declarar que si hay un vacio reglamentario
ellos no tienen la culpa y en ese sentido coincido plenamente. La habilidad
técnica e intelectual de Adrian Newey
está por sobre las cualidades de los hombres a cargo del reglamento técnico de
la FIA, así como también lo está Ross Braun, aunque lejos aún de
demostrarlo con resultados.
Alonso y Pat Fray se encargaron de dar señales de
alerta a Maranello, en cuanto al
trabajo necesario sobre la F2012 para
continuar siendo competitivos. Saben que RBR no se tenderá a dormir la siesta y
llevará a Spa más de un as bajo la
manga. McLaren por su parte, ha dado un primer paso en la evolución del MP4/27 y van por más. En Lotus en tanto,
la pretensión mayor pasa por ganar carreras dentro de los nueve GP que quedan
hasta el final de temporada.
En un post de un
sitio dedicado a la F1, un comentarista expresó que la diferencia entre Alonso
y el resto de los que pelean por el título, es que supo aprovechar las
oportunidades en condiciones desfavorables. Y vaya si es cierto. Sin dudas que
es el principal pilar que sustenta el sueño del tricampeonato, el que además
sería justo y merecido. La virtud del español radica en el temple y la
sabiduría a bordo de la rossa Nº 5.
Mas emparentado con el Profesor Alain
Prost, que con Ayrton Senna,
posee un sexto sentido para aprovechar cuanta oportunidad este a su alcance y
hacer la diferencia cuando el medio mecánico se lo permite. Pero el exceso de
especulación muchas veces lleva al fracaso. Y la Scuderia tiene un talón de Aquiles muy visible: Depende solo de
Alonso. Hoy por hoy Felipe Massa no
está a la altura de Button o Webber o Roman
Grosjean, y es una ventaja que –pretensión de campeonato mediante– ningún
equipo puede darse el lujo. Lewis
Hamilton está más aplomado que en temporadas anteriores, con una capacidad
conductiva que no conoce de especulación y Sebastian
Vettel ha demostrado porque es el bicampeón reinante. Detrás de ellos,
Button y Webber saben a qué juegan. Por delante del español no hay uno, sino
cuatro contendientes –y hasta seis si sumamos a Lotus– con objetivos comunes:
restarle importantes puntos. Son carreras de autos y todo puede suceder. La
confiabilidad de Ferrari es envidiable, pero puede tener un renuncio y es lo
que británicos y austriacos suplican ya no con susurros, más bien a viva voz.
Los espectadores
estamos expectantes. Uno nuevo campeonato comienza a partir del 2 de
septiembre, y que no nos dará ningún respiro. Cualquier ventaja por amplia que
resulte a los ojos, será insuficiente con el único objetivo de irse de San Pablo con las manos llenas de
gloria.
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